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Agencias / El Tiempo
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El cáncer de páncreas es considerado uno de los tumores más agresivos y complejos de tratar. Parte de su peligrosidad se debe a que crea un entorno capaz de bloquear las defensas naturales del organismo, dificultando que el sistema inmunitario pueda combatirlo eficazmente.

Hasta ahora, los tratamientos disponibles solo logran buenos resultados en un grupo reducido de pacientes. Sin embargo, una investigación desarrollada por científicos de España y Argentina descubrió que bloquear una proteína específica llamada PARP2 dentro de las células tumorales podría cambiar este panorama.

El estudio mostró que inhibir PARP2 provoca alteraciones en el ADN del tumor, lo que ayuda a activar las defensas del cuerpo para que reconozcan y ataquen las células cancerosas.

La investigación fue publicada en la revista científica Science Advances y estuvo encabezada por Pilar Navarro y José Yélamos, del Instituto de Investigación del Hospital del Mar.

También participó el científico argentino Gabriel Rabinovich, perteneciente al Instituto de Biología y Medicina Experimental, al Conicet, a la Universidad de Buenos Aires y al Instituto CaixaResearch. Además, colaboraron especialistas del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona, la Universidad Pompeu Fabra y otras instituciones españolas.

La doctora Neus Martínez-Bosch, autora principal del trabajo, explicó que eliminar PARP2 en modelos experimentales de cáncer de páncreas aumentó la supervivencia de los animales alrededor de un 40% y además permitió reactivar el sistema inmune. Aunque todos los ratones terminaron desarrollando el tumor, el estudio ayudó a identificar mecanismos de resistencia que aparecen con el tiempo, como la pérdida del gen supresor tumoral p53.

Según la investigadora, estos hallazgos podrían servir para diseñar tratamientos más efectivos y duraderos en el futuro. También señaló que todavía es necesario investigar si los mismos efectos pueden lograrse mediante medicamentos inhibidores de PARP2 y no solo mediante eliminación genética.

El cáncer de páncreas es actualmente la tercera causa de muerte por cáncer en el mundo. Uno de sus principales desafíos es que el entorno del tumor dificulta la acción del sistema inmunitario y vuelve poco eficaces a muchos tratamientos disponibles.

Los medicamentos conocidos como inhibidores PARP ya habían mostrado beneficios en algunos tipos de cáncer, especialmente en pacientes con mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2. Sin embargo, los tratamientos actuales no distinguen entre las proteínas PARP1 y PARP2.

Investigaciones previas demostraron que eliminar PARP1 en modelos animales no modificaba la progresión del cáncer pancreático ni la supervivencia. Por esa razón, los científicos decidieron estudiar específicamente la función de PARP2.

Para ello trabajaron con ratones que desarrollaban cáncer de páncreas mediante diferentes mutaciones genéticas, incluyendo KrasG12D, una de las alteraciones más frecuentes en humanos.

Los resultados fueron contundentes: los animales sin PARP2 vivieron un 43% más y el 75% superó los seis meses de vida, frente al 14% de los ratones del grupo control.

La ausencia de PARP2 provocó acumulación de errores genéticos y daño en los cromosomas de las células tumorales, debilitando al cáncer. Ese desorden activó una señal interna llamada STING, que alerta al sistema inmune sobre la presencia de células dañadas.

Como consecuencia, aumentó la actividad de linfocitos T citotóxicos y células NK, encargadas de destruir células tumorales. Al mismo tiempo, disminuyeron las células que normalmente ayudan a proteger el tumor, como los macrófagos M2 y las células T reguladoras.

Los investigadores concluyeron que bloquear PARP2 podría convertirse en una estrategia terapéutica prometedora, ya que no solo debilita el tumor desde el interior, sino que también reactiva las defensas naturales del organismo.

Este enfoque podría ser especialmente útil en pacientes que no responden a inmunoterapia convencional.

Actualmente, los inhibidores PARP aprobados se utilizan únicamente en un pequeño porcentaje de personas con cáncer de páncreas que presentan mutaciones en genes relacionados con reparación del ADN, como BRCA1 y BRCA2.

La doctora Martínez-Bosch indicó que PARP2 parece tener un papel específico en tumores pancreáticos con alto estrés replicativo, incluso sin mutaciones BRCA.

Además, aclaró que PARP1 y PARP2 no tendrían funciones equivalentes en este tipo de cáncer. Mientras eliminar PARP1 no mostró beneficios en supervivencia, inhibir PARP2 sí produjo mejoras relevantes, lo que abre la posibilidad de desarrollar tratamientos más precisos y con menos efectos secundarios.

Aun así, los investigadores subrayaron que este enfoque todavía se encuentra en fases tempranas de investigación. Por el momento no existen medicamentos selectivos contra PARP2 aprobados ni ensayos clínicos en humanos.

Los resultados obtenidos corresponden únicamente a modelos animales, por lo que todavía se necesitan más estudios antes de considerar esta estrategia como una opción terapéutica real para pacientes con cáncer de páncreas.

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