¿Qué ocurre con tu presión arterial si no duermes 8 horas?

El sueño es una pieza clave para que el organismo mantenga un buen equilibrio, especialmente en la regulación de la presión arterial. Distintos estudios en cardiología y medicina del sueño han demostrado que dormir menos de 7 a 8 horas por noche puede provocar cambios importantes en el sistema cardiovascular.
La falta de descanso no solo genera cansancio durante el día, sino que activa mecanismos fisiológicos que elevan la presión arterial, favorecen la hipertensión y aumentan el riesgo de enfermedades del corazón. Estos son algunos de los principales efectos descritos por especialistas:
Elevación persistente de la presión arterial Mientras dormimos, el cuerpo entra en una fase de recuperación en la que la presión arterial disminuye de forma natural, un proceso conocido como “descenso nocturno”. Cuando el sueño es insuficiente, esta bajada no ocurre adecuadamente, por lo que la presión puede mantenerse más alta de lo normal. Con el tiempo, esto puede convertirse en hipertensión crónica.
Mayor riesgo de hipertensión Dormir menos de 6 horas por noche se ha relacionado con una mayor probabilidad de desarrollar hipertensión arterial. Esto sucede porque el cuerpo permanece en un estado de alerta constante, lo que incrementa la actividad nerviosa y ejerce más presión sobre los vasos sanguíneos.
Activación excesiva del sistema nervioso simpático El sistema nervioso simpático controla la respuesta de “lucha o huida”. Cuando no se duerme lo suficiente, este sistema sigue activo más tiempo del necesario, aumentando la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Si esto se repite de forma continua, el sistema cardiovascular puede desgastarse.
Desequilibrio hormonal Dormir poco altera la liberación de hormonas importantes, entre ellas el cortisol, conocida como la hormona del estrés. Cuando sus niveles permanecen altos, la presión arterial tiende a elevarse. También pueden verse afectadas otras hormonas que regulan líquidos y sales, fundamentales para mantener cifras normales de presión.
Rigidez en los vasos sanguíneos La falta de sueño también puede hacer que arterias y vasos sanguíneos pierdan elasticidad. Esto dificulta el paso de la sangre y obliga al corazón a trabajar con más fuerza, elevando la presión y aumentando el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular.
Más estrés y mayor impacto cardiovascular Dormir poco suele acompañarse de niveles más altos de estrés psicológico. Esta combinación favorece la liberación de sustancias que aumentan la presión arterial y crean un entorno propicio para desarrollar hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares.
Alteraciones del ritmo cardiaco El descanso insuficiente puede favorecer latidos irregulares o alteraciones leves en el ritmo del corazón. Aunque al principio pueden pasar desapercibidas, con el tiempo elevan el riesgo de complicaciones cardiovasculares más serias.
Más probabilidad de enfermedades del corazón La suma de presión elevada, estrés persistente y alteraciones hormonales incrementa la posibilidad de padecer enfermedades cardiacas. Por eso, los expertos consideran el sueño como un factor de riesgo modificable que merece atención.
Dificultad para controlar la hipertensión En personas que ya viven con presión alta, dormir mal puede hacer más difícil mantenerla bajo control, incluso cuando siguen tratamiento médico. Por ello, mejorar la higiene del sueño es una parte esencial del manejo integral de la hipertensión.
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