La entrevista con Rogelio Treviño - Talabartero Ni la edad detiene a Rogelio y su oficio

Rogelio sigue demostrando que el trabajo no solamente sirve para llevar dinero a casa, sino también para mantener el ánimo, la dignidad y el deseo de salir adelante.
A sus 89 años, Rogelio Treviño todavía encuentra fuerza para seguir trabajando entre piezas de cuero, agujas, herramientas y artículos de vaqueta que elabora desde su hogar en la colonia El Pueblo, en Monclova. Aunque la edad ya comienza a pasar factura y los problemas de salud limitan sus movimientos, Rogelio conserva intactas las ganas de mantenerse activo y sentirse útil.
Su historia comenzó en Ovallos, Coahuila, donde desde niño aprendió que el trabajo era parte de la vida diaria. Cuidar animales, ordeñar y ayudar en el rancho fueron actividades que moldearon el carácter de un hombre que hoy, casi nueve décadas después, continúa levantándose cada mañana para fabricar cinturones, fundas y chaparreras mientras espera la llegada de algún cliente. Con paciencia, humildad y una enorme disciplina, Rogelio sigue demostrando que el trabajo no solamente sirve para llevar dinero a casa, sino también para mantener el ánimo, la dignidad y el deseo de salir adelante.
¿Dónde nació y cómo recuerda sus primeros años de vida?
“Yo nací en Ovallos, Coahuila, allá en el rancho. Desde muy muchacho conocí el trabajo porque en ese tiempo así era la vida, uno tenía que ayudar desde niño. Me tocaba cuidar las chivas y también levantarme temprano para ordeñar. Antes no había tiempo de quedarse sin hacer nada, todos ayudábamos en la casa.”
¿A qué edad comenzó a trabajar de manera formal?
“Desde cómo los 10 años ya andaba trabajando. A veces uno ni cuenta se daba porque era parte de la vida diaria. Yo me levantaba temprano y hacía lo que se necesitara en el rancho.”
¿Cómo terminó viviendo en Monclova?
“Ya tengo como 70 años aquí en Monclova. Poco a poco fui haciendo mi vida acá y aquí me quedé. Aquí conocí mucha gente, trabajé y también hice mi hogar junto con mi señora.”
¿Cuántos años tiene actualmente?
“Tengo 89 años y gracias a Dios aquí seguimos todavía. Ya los años pesan, claro que sí, pero mientras uno tenga fuerzas hay que seguir moviéndose porque si uno se deja caer, luego luego se acaba.”
¿Todavía continúa trabajando todos los días?
“Sí, todavía trabajo aquí cerquitas porque ya no me dejan ir muy lejos. A veces me siento afuera de la casa o cerca de Casa Hogar Galilea. Aunque sea poquito rato me gusta estar haciendo algo porque me entretengo y así siento que sigo activo.”
¿Qué lo motiva a continuar trabajando a su edad?
“Primero porque me distraigo mucho haciendo mis cosas y también porque la pensión es muy poquita. Sí nos ayuda el apoyo del Bienestar y con eso nos apoyamos mi señora y yo, pero también uno necesita moverse, sentirse útil. Yo no estoy acostumbrado a quedarme encerrado.”
¿Qué productos fabrica actualmente?
“Hago trapeadores, escobas, fundas de navaja, fundas de celular, cinturones, chaparreras y monturas. Las monturas casi siempre son por encargo porque llevan más trabajo y material. Todo es de vaqueta y todo lo hago yo mismo.”
¿Cómo aprendió el oficio de talabartero?
“Una vez anduve en Dallas y allá conocí un señor que hacía cosas de vaqueta. Él me enseñó cómo cortar el cuero y cómo coserlo. También me ayudó a conseguir una máquina para trabajar y desde ahí empecé con esto.”
¿Todo lo que vende lo fabrica usted personalmente?
“Sí, yo mismo lo hago. Mando pedir el material a Monterrey o Guadalajara, dependiendo lo que necesite, y aquí me pongo a trabajar. Hay veces que estoy afuera haciendo un cinturón y así se me pasa el tiempo.”
¿Cómo están los precios de sus productos?
“Las fundas para celular las vendo en 280 pesos y las de navaja en 100 pesos. Ya depende también del trabajo y del material que lleven las cosas.”
¿Cuál es actualmente su estado de salud?
“Lo que más me molesta es la presión porque a veces se me sube y también batallo para respirar. Por eso ya no me dejan ir tan lejos o andar mucho tiempo afuera vendiendo. Pero mientras me sienta un poquito bien, aquí sigo.”
¿Cómo han estado las ventas?
“Muy escasas la verdad. Hay días que no vendo nada y otros donde vendo una o dos cosas y con eso ya hago el día. Pero aunque no llegue mucha gente, yo aquí me entretengo trabajando o haciendo algún cinturón mientras espero.”
¿Qué siente cuando una persona llega a comprarle?
“Pues mucha alegría y agradecimiento. Yo les doy las gracias porque gracias a Dios todavía me manda gente.”
¿Hasta cuándo piensa seguir trabajando?
“Hasta que Dios me permita y me llame. Mientras tenga fuerza voy a seguir porque siempre me ha gustado trabajar.”
¿Dónde puede encontrarlo la gente que quiera comprarle?
“A veces me pongo afuera de Casa Hogar Galilea en las mañanas. También pueden buscarme en mi casa en la Privada Guadalupe Victoria número 108.”
¿Le gustaría enseñar este oficio?
“Claro que sí me gustaría enseñar. Pero fíjese que nunca me ha llegado alguien a decirme ‘enséñeme’. Yo con gusto enseñaría”
¿Qué consejo les da a los jóvenes?
“Que le busquen en lo que sea. Aunque sea vender dulces o hacer cualquier cosa, todo trabajo digno vale mucho. Lo importante es no quedarse sin hacer nada y echarle ganas porque cualquier trabajo puede sacar adelante a una familia.”
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