La apuesta de Ebrard para salvar el T-MEC
Mario MaldonadoLa decisión de Estados Unidos de no extender de inmediato la vigencia del T-MEC era el escenario esperado. El propio tratado contempla que, si alguno de los tres socios no confirma la prórroga por otros 16 años, el acuerdo permanece vigente mientras inicia una etapa de revisiones anuales hasta alcanzar un consenso o llegar a su fecha de expiración en 2036.
Lo verdaderamente relevante se puede leer entrelíneas del comunicado de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos. La revisión técnica entró formalmente en una fase de negociación política. La Casa Blanca quiere aprovechar el proceso para reescribir las reglas de la integración económica de Norteamérica y de cooperación en asuntos de seguridad bajo las prioridades de Donald Trump. México, en cambio, busca mantener la discusión dentro del terreno eminentemente comercial.
Ésa es hoy la principal apuesta de Marcelo Ebrard. El secretario de Economía sostiene que la negociación debe concentrarse exclusivamente en los aspectos técnicos del tratado y evitar que se incorporen los temas de seguridad, migración o combate al narcotráfico, aunque reconoce que el alcance de las conversaciones inevitablemente toca a buena parte del gabinete estadounidense. Del otro lado de la mesa participan Jamieson Greer como negociador principal, pero también gravitan el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, cuyos intereses rebasan ampliamente el comercio.
La siguiente reunión, prevista para el próximo 20 de julio en la Ciudad de México, marcará el inicio formal de esa negociación. Sobre la mesa hay 27 temas identificados. México presentó 13 propuestas; Estados Unidos llevó 14 preocupaciones; y Canadá, por ahora, no tiene asuntos pendientes con México dentro de esta primera etapa.
El objetivo de Ebrard es cerrar la revisión hacia diciembre para intentar dar certidumbre a la inversión y reducir al mínimo la aplicación de nuevos aranceles, de manera que se mantenga la ventaja competitiva que México tiene frente a otros exportadores que hoy enfrentan tarifas mucho más elevadas para ingresar al mercado estadounidense.
La operación mexicana descansa sobre los hombros de Ebrard y de un equipo del gabinete de Claudia Sheinbaum. El subsecretario Luis Rosendo Gutiérrez coordina la parte técnica de la negociación. Roberto Velasco mantiene la interlocución diplomática con Washington desde la Cancillería. El titular de Hacienda, Edgar Amador, está en contacto con el Departamento del Tesoro, particularmente con Scott Bessent, al igual que Roberto Lazzeri, el flamante embajador de México en Estados Unidos, quien ha construido una interlocución fluida con el Tesoro estadounidense y con el propio Bessent, la cual hoy adquiere valor estratégico conforme avanzan las conversaciones.
Del lado estadounidense, Greer tiene un perfil eminentemente técnico y predecible. Quienes participan en el proceso lo describen como un negociador disciplinado, poco dado a los sobresaltos y concentrado en resultados. Las decisiones políticas provienen de un nivel superior.
La mayor preocupación de Washington sigue siendo el creciente déficit comercial con México. Sin embargo, incluso dentro del gobierno estadounidense existe conciencia de que buena parte de ese desequilibrio responde al explosivo crecimiento de las exportaciones mexicanas de productos electrónicos, centros de datos, equipo de cómputo y componentes asociados al desarrollo de la inteligencia artificial. El déficit se encuentra en niveles históricos, más por la transformación tecnológica de las cadenas de suministro que por un deterioro estructural de la relación bilateral.
Por eso la discusión de fondo no consiste únicamente en renovar el tratado. Lo que Estados Unidos busca redefinir es el modelo de integración manufacturera de Norteamérica, endurecer los controles sobre la inversión asiática, reforzar la trazabilidad de las cadenas de suministro y limitar mecanismos de triangulación comercial.
El comunicado de la USTR dejó una certeza y una incógnita. La primera es que el T-MEC seguirá vigente lo que resta del gobierno de Trump. La segunda es que Estados Unidos ya decidió convertir la revisión en una negociación política permanente. México tendrá que demostrar en los próximos meses si puede mantenerla dentro del terreno estrictamente comercial o si se terminará contaminando con otros asuntos de la relación bilateral.
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