Fe y servicio: vida de Rosa María Guzmán
Encargada de la casa parroquial de Nuestra Señora de Lourdes narra tres décadas de servicio, fe constante y acompañamiento.

Saltillo, Coahuila, 3 de mayo de 2026.- En la casa parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, la rutina no se mide en horas sino en vocación. Ahí, entre llaves, libros de registro, arreglos del templo y el aroma discreto de la comida preparada para el párroco, Rosa María Guzmán ha construido una vida entera de servicio silencioso. Casada, madre de cuatro hijas y originaria de Saltillo, resume más de 28 años vinculada a la Iglesia como una historia guiada por la fe y la constancia.
Su labor no aparece en vitrinas ni en ceremonias solemnes, pero sostiene el día a día de la vida parroquial. Desde la administración de la casa del sacerdote hasta la atención de la sacristía y la organización de actividades comunitarias, su presencia se ha vuelto parte esencial del funcionamiento del templo.
¿Cuáles son sus principales actividades dentro de la parroquia?Principalmente me encargo de la casa del párroco. Procuro que esté en orden, que tenga sus alimentos listos y un espacio digno para su descanso. También apoyo en la sacristía y en la tiendita de artículos religiosos. Organizo rifas y, durante muchos años, trabajé como catequista.
¿Cuánto tiempo lleva en la casa parroquial?Tengo cinco años en esta casa parroquial, aunque mi relación con la Iglesia es mucho más antigua.
¿En qué otros lugares ha colaborado?Estuve en el área de vocaciones sacerdotales en el seminario. También trabajé en la parroquia de Fátima. Siempre he estado cerca de distintas comunidades.
¿Cómo inició este camino de servicio?Desde niña, mi madre me llevaba a los rosarios del alba. Caminábamos rezando por las calles. Con el tiempo me casé, tuve a mis hijas y me alejé un poco, pero después sentí nuevamente el llamado de Dios y regresé al servicio de la Iglesia.
¿Qué ha significado para usted el catecismo?Fueron 24 años como catequista en esta parroquia. Ha sido una experiencia muy importante. Aún hoy algunas jóvenes me buscan para apoyarlas en su preparación para los sacramentos.
¿Con quién se siente más cómoda trabajando, con jóvenes o adultos?Me siento igual con todos. Trabajo con niños, jóvenes y adultos. A cada grupo le tengo paciencia y respeto. Trato de comprender sus necesidades y acompañarlos desde donde están.
¿Ha enfrentado situaciones difíciles en ese acompañamiento?Sí. He hablado con jóvenes que han pensado en el suicidio. En esos casos escuchamos, damos cariño y buscamos que encuentren apoyo y una razón para seguir adelante.
¿A quién le profesa una devoción especial?A la Virgen de Guadalupe. Le tengo mucha devoción. Rezo los 46 rosarios en la colonia y desde que mis hijas eran pequeñas las llevaba conmigo a esas oraciones.
¿Qué papel juega su familia en esta labor?Mi familia ha sido un gran apoyo. Mi esposo nunca me ha limitado. Una de mis hijas, la menor, colabora como secretaria en la oficina parroquial. Eso facilita mucho el trabajo diario.
¿Cómo ha influido su historia familiar en su vida actual?Tengo cuatro hijas. La mayor tiene 52 años; la tuve a los 17. Es maestra y vive en Ciudad Acuña. Todas son católicas, aunque por sus trabajos no siempre participan activamente en la parroquia.
¿A qué figuras de la Iglesia ha tenido oportunidad de atender?Han visitado la casa parroquial el obispo don Hilario, sacerdotes del seminario, el rector y el padre Tomás. A todos los atiendo con gusto; preparo alimentos, apoyo en la limpieza y colaboro en lo que se necesite.
¿Qué es lo que más satisfacción le deja este servicio?Es una satisfacción que no se puede comprar. No tiene precio. Es algo que llena el corazón y da sentido a todo lo que hago cada día.
¿Qué mensaje le gustaría compartir con la comunidad?Invito a las personas a acercarse a Dios sin esperar problemas para hacerlo. Él siempre está presente, incluso en lo que no comprendemos. Servirle es una de las mayores satisfacciones de la vida.
La vida de Rosa María Guzmán transcurre entre la sencillez de las tareas cotidianas y una fe que, lejos de agotarse, se fortalece con los años. Su historia refleja una entrega discreta que sostiene silenciosamente la vida comunitaria de su parroquia.
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