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Estas son las causas de la vejiga caída y cómo evitar húmedos accidentes

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Según especialistas de Mayo Clinic, esta afección, llamada médicamente cistocele, aparece cuando fallan los tejidos que sostienen la vejiga. Al debilitarse los músculos y ligamentos del suelo pélvico, la vejiga desciende y comienza a ejercer presión sobre la pared vaginal.

¿Qué es exactamente la vejiga caída?

La llamada vejiga caída, o cistocele, ocurre cuando la vejiga se desplaza hacia la vagina porque la pared frontal vaginal pierde firmeza. Este prolapso hace que el órgano deje de mantenerse en su posición normal, lo que puede provocar molestias físicas y problemas urinarios.

Desde el punto de vista anatómico, el suelo pélvico funciona como una especie de hamaca muscular que sostiene órganos como la vejiga, el útero y parte del intestino. Cuando esa estructura se estira o se lesiona, pierde soporte y la vejiga comienza a descender por la fuerza de gravedad.

Es importante saber que no se trata de una infección ni de algo que deba causar vergüenza. Es un problema estructural frecuente que afecta a muchas mujeres, especialmente después de la menopausia o tras varios partos.

Principales causas del prolapso vesical

El prolapso de vejiga tiene varias causas, aunque el detonante más común es cualquier situación que aumente de forma repetida la presión sobre el suelo pélvico.

Entre los factores más frecuentes se encuentran:

Partos vaginales múltiples Envejecimiento Menopausia Estreñimiento crónico Tos persistente, especialmente por tabaquismo o enfermedades respiratorias Obesidad Levantar peso de manera incorrecta

El NIDDK destaca que el esfuerzo continuo es uno de los enemigos silenciosos del suelo pélvico, ya que poco a poco vence la resistencia natural de músculos y ligamentos.

Síntomas que conviene vigilar

Uno de los síntomas más comunes es la sensación de presión o pesadez en la pelvis o la vagina. Muchas mujeres lo describen como sentir una pequeña bola o bulto incómodo.

Otros signos frecuentes incluyen:

Pérdidas de orina al toser, reír o estornudar Sensación de vaciado incompleto de la vejiga Infecciones urinarias recurrentes Dolor durante las relaciones sexuales Molestias lumbares al final del día

En etapas más avanzadas, puede incluso notarse un tejido que sobresale por la abertura vaginal.

Grados de severidad

Los especialistas clasifican el cistocele en cuatro niveles para definir el tratamiento:

Grado 1: descenso leve, muchas veces sin síntomas Grado 2: la vejiga llega a la abertura vaginal Grado 3: sobresale a través de la abertura Grado 4: prolapso completo, con la vejiga fuera de la vagina

Cada etapa requiere un abordaje diferente, desde ejercicios y cambios de hábitos hasta cirugía.

Cómo prevenir la vejiga caída

La mejor prevención consiste en fortalecer el suelo pélvico y reducir la presión abdominal crónica.

Las medidas más recomendadas son:

Mantener un peso saludable Consumir suficiente fibra para evitar estreñimiento Realizar ejercicios de Kegel Evitar fumar para prevenir tos crónica Levantar objetos usando las piernas y no la pelvis Tratar oportunamente problemas respiratorios

Los ejercicios de Kegel son especialmente útiles porque fortalecen la base muscular que sostiene la vejiga y la uretra.

Tratamientos sin cirugía

En casos leves, la primera opción suele ser la fisioterapia del suelo pélvico, guiada por un especialista que enseñe a activar correctamente la musculatura.

Otra alternativa muy utilizada es el pesario vaginal, un dispositivo que se coloca dentro de la vagina para sostener la vejiga y mantenerla en su sitio.

En mujeres posmenopáusicas, los médicos también pueden recomendar estrógenos locales, ya que ayudan a mejorar la elasticidad y resistencia de los tejidos vaginales.

¿Cuándo se necesita cirugía?

La cirugía suele reservarse para prolapsos avanzados o cuando los síntomas afectan de manera importante la calidad de vida.

El objetivo del procedimiento es recolocar la vejiga en su posición normal y reforzar el tejido de soporte. Hoy existen técnicas poco invasivas que permiten una recuperación relativamente rápida.

En algunos casos se utiliza el propio tejido de la paciente y, en otros, materiales especiales de soporte, según la valoración del especialista.

Lo más importante es no normalizar las molestias. Buscar atención con un ginecólogo o urólogo a tiempo permite elegir el tratamiento adecuado y recuperar comodidad, seguridad y calidad de vida.

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